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martes, 21 de marzo de 2017

Turquesa, la piedra semipreciosa del bienestar

Turquesa, piedra semipreciosa
Siguiendo con nuestra ronda de descripción de las diferentes piedras semipreciosas, hoy toca el turno de la turquesa, una piedra de un bello color azul verdoso de la clase de los fosfatos compuesta por fosfatos de cobre y aluminio. Se trata de una piedra semipreciosa muy valiosa por su escasez y por su llamativo color que ha causado que durante miles de años haya sido utilizada como gema ornamental.

La turquesa no es una piedra muy dura si se compara con otras, ya que su máximo de dureza está un poco por debajo de 6 en la escala de Mohs, por lo que un simple vidrio puede rayarla. Su naturaleza cripto-cristalina hace que sus propiedades físicas sean bastante variables, por lo que se pueden encontrar turquesas con colores que abarcan desde el azul oscuro hasta el blanco, incluyendo colores como el azul verdoso, azul claro y el verde amarillento.

Es una gema de brillo entre ceroso y vidrioso, algunas turquesas cuentas con secciones de pequeño tamaño semitraslúcidas pero, por lo general, son totalmente opacas.

Localización de las turquesas

Las turquesas se encuentran normalmente en zonas desérticas. La mayoría de los yacimientos de turquesas actuales son de extracción manual o en los que se utiliza muy poca maquinaria.

Durante más de dos milenios, ha sido la región de Persia la que ha ostentado la calificación de ser la fuente principal de suministro de turquesas. Las turquesas más valoradas son las de Irán, en concreto las extraídas de una mina ubicada en la cima de la montaña Ali-mersai, en la región de Nishapur.

En España podemos encontrar turquesas en distintas zonas de Cáceres (siendo especialmente valoradas por su color azul las de la mina de Valdeflorez), Córdoba y Murcia.

Estados Unidos y China son grandes exportadores de turquesas, gema que también se explota en Turkestán, Argentina, Brasil, Israel, México, Tanzania, Chile, Australia y Afganistán.

Las turquesas en la historia

Los antiguos egipcios ya extraían turquesas en la península del Sinaí desde los tiempos de la primera dinastía (año 3000 a.C.). Los yacimientos de turquesas más antiguos se encontraban en Uadi Maghara y Serabit el-Jadim. Los aztecas las utilizaban junto con otros metales preciosos y gemas en objetos ceremoniales como escudos, cuchillos y máscaras.

El color y las tonalidades de la turquesa han hecho de esta gema una de las más apreciadas durante la antigüedad. Personajes del Antiguo Egipto, persas, civilizaciones del valle del Indo, chinos (desde la Dinastía Shang), aztecas, incas, moches, chimúes, la utilizaban como signo de poder.

Las turquesas, inicialmente provenientes de Irán, fueron introducidas en Europa a través de Turquía (de ahí el origen del nombre de esta gema). No obstante, a pesar de ser una de las piedras semipreciosas que primero se introdujeron en Europa, no fue hasta el siglo XIV cuando se convirtió en una gema ornamental de importancia.

¿Qué determina el valor de una turquesa?

El factor determinante a la hora de que una turquesa sea más preciada que otra es la pureza y uniformidad de su color, siendo el color más valioso el azul oscuro, disminuyendo de precio a medida que los matices verdosos aumentan. Las manchas también disminuyen el valor de esta piedra semipreciosa.

Por otro lado conviene mencionar que, para poder ser utilizadas en joyería, deben ser de dureza suficiente, ya que algunas turquesas pueden ser excesivamente calcáreas y blandas siendo inservibles como joyas.

Al ser una gema no muy dura es fácil que se parta o raye, por eso en las joyas terminadas se valora mucho la calidad del trabajo a la hora de darles un precio, siendo fundamental la simetría y el brillo conseguido en la piedra. Como gran parte de las piedras semipreciosas opacas, su tamaño se suele medir en milímetros en vez de en quilates. Obviamente cuantos más milímetros mayor será su valor.

Tratamientos y cuidados de las turquesas en joyería

En joyería las turquesas pueden tratarse de muchas formas para aumentar su belleza. Los puristas señalan que ninguna gema debe tratarse, pero suele estar aceptado tratar las turquesas con aceite o cera para mejorar el lustre y color de la piedra. Si la turquesa es de calidad, ésta absorberá poco aceite o cera y no necesitará de este tratamiento para conservar su color y brillo. Son más valiosas las turquesas que no han sido tratadas.

La turquesa es una piedra delicada debido a su fragilidad y a su sensibilidad a determinados disolventes. Cuando se utiliza como joya hay que tener cuidado de que no entren en contacto con cosméticos, cremas solares, aerosoles y perfumes, ya que éstos pueden alterar su color. Las pieles grasas y el propio sudor también pueden afectar a su coloración. La luz solar es otro factor que puede afectar a las turquesas decolorándolas, por lo que no es recomendable lucirlas en sitios soleados como la playa.

Después de ponerlas, las turquesas hay que limpiarlas con un trapo suave para evitar que se vaya acumulando suciedad en los engarces de la joya. Para guardarlas hay que hacerlo en una caja separada de otras joyas con piedras y gemas más duras que puedan rayarlas.

Turquesa, talla redonda
Tallado de las turquesas

La turquesa puede ser tallada otorgándole diferentes formas que no son determinantes del valor de la gema. Las talla más características son las siguientes:
  • Talla redonda: en este tipo de talla debe conseguirse que la turquesa ruede en línea recta.
  • Talla barroca: característica por otorgar a la turquesa una forma irregular.
  • Talla semiredondas: con formas redondeadas pero no perfectamente esféricas.
  • Talla semibarrocas: un tipo de talla que engloba formas muy variadas (oval, pera, gota, botón, media luna, etcétera).

Las turquesas se pueden usar en anillos, pulseras o collares, siendo de tamaños muy variados (fácilmente pueden encontrarse turquesas desde los 4 hasta los 30 milímetros), tamaños que dependerán del diseño de la joya correspondiente.

Poderes atribuidos a la turquesa

La turquesa es conocida como la piedra del bienestar y la alegría, ya que absorbe la energía negativa haciéndola desaparecer, causando una sensación de bienestar y buen humor en su dueño.

Se dice que la turquesa aumenta la capacidad de concentración, el talento creativo, la capacidad de comunicación, y la facilidad de palabra de la persona que la porta. Ayuda a tener las ideas claras.

En algunas zonas se la conoce como el amuleto de los viajeros, previniendo el mal de ojo proveniente de hechizos de magia negra. Antiguamente se otorgaba a la turquesa propiedades curativas, señalando que cambiaba de color dependiendo del estado de salud de su portador y protegiendo contra las fuerzas del mal.

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